Ciudadanos y el transfuguismo: “De camisa vieja a chaqueta nueva”

Ciudadanos se ofrece a acoger en Andalucía a Menas que han asaltado Ceuta de forma ilegal FOTO-Europa Press
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Ciudadanos sigue dando tumbos y va camino de la desaparición

De camisa vieja a chaqueta nueva fue una comedia española del año 1982, dirigida por Rafael Gil, basada en la novela homónima escrita por Fernando Vizcaíno Casas y que fue protagonizada por José Luis López Vázquez, Manolo Codeso y Antonio Garisa. Seguro que los más veteranos la recuerdan y ya verán de lejos el paralelismo que ésta plantea con todos estos “fugados” de Ciudadanos que están huyendo al partido que haga falta, vendiendo sus pocos principios políticos y morales.

Ciudadanos, parece no haberse dado cuenta de que, lo que están haciendo, dista mucho de lo cómico que pueda resultar la película o la novela. ¿Cuántos naranjitos a ultranza, como falangistas en su día, se han dedicado a ir cambiando su discurso mientras escondían pulseritas, pines, panfletos, carpetitas, bolígrafos o se modifican el Twitter? ¿Cuántos de esos seguían con el liberalismo en la boca mientras se ponían la chaquetita nueva, a medida, con todo el merchandising que haga falta del partido al que fugaban? No han dudado en acusar y acosar a afiliados de base que han dejado con hartazgo el partido por su deriva a un partido de izquierdas, preferiblemente a la estela de Pedro Sánchez.

Sin embargo, han cargado con menos fuerza con todos esos que estaban ya en conversaciones con otros partidos, en ese kamikaze intento de no ser escupidos por la política española por tibios, por pusilánimes, por invisibles, por vendidos, por traidores, por falsos, por ser faltos o torpes en todas esas habilidades que la política requiere.

Porque, hace mucho ya, que descubrieron que se está muy a gusto cobrando por calentar un sillón, ¿Quién, de entre ellos, va a volver al mundo de la actuación?, ¿A madrugar para estar seis horas, los cinco días de la semana, en un bufete de abogados cualquiera? Eso que se suele decir que “el trabajo es salud”, prefieren dejarlo para nosotros.

En los últimos meses, a golpe de fugas de diputados, cargos y afiliados de Ciudadanos, el partido se ha hecho su huequecito en los medios por ser quienes han incorporado al vocabulario político y de actualidad el término “transfuguismo”, en sus múltiples variantes.

Y es que, como se suele decir, a la fuerza ahorcan: ¿Qué ofrecía Ciudadanos a sus afiliados y simpatizantes de base?, ¿Qué ha hecho la formación naranja para mantener vivo el espíritu de trabajo y la esperanza en un proyecto en que pudieran creer sus afiliados? Cómo osáis, desde Ciudadanos, culpar y señalar al afiliado si, al fin y al cabo, según vuestro credo y mantras librecambistas, la afiliación no deja de ser un hecho mercantil: el partido vende un producto ideológico y, en el momento que no convence, se deja de consumirlo con total libertad.

¿No era eso el supuesto liberalismo con el que se les llenaba la boca?, ¿Han visto ustedes a Coca Cola insultar a sus consumidores por comprar Pepsi? Hay que tener un poquito más de altura moral…

Por hacer un poco de memoria, desde los grandes descalabros en las elecciones hasta la forzada salida de Albert Rivera, a Ciudadanos, se le comenzaron a abrir las costuras. Inés Arrimadas, parecía poder ser esa bocanada de aire fresco que necesitaba el partido.

Su llegada a la cumbre de la formación, no supuso más que el inicio de un hundimiento irremediable; un partido que se difuminaba de los medios, sin propuestas, sin voz, sin rumbo, sin proyecto político y, a mi juicio, dispuesto a vender, o mal regalar, el poco rédito político que les quedara al mejor postor, sin importar izquierda o PP. ¿Con qué gratuidad se pudieron vender los valores por los que millones de españoles les votaron un día?, Con descaro, pudieron rasgar su hoja de ruta, sin importarles lo más mínimo sus miles de afiliados, esos que religiosamente pagaban sus cuotas y ahora acosan, para decirles claramente que su dinero, y su confianza depositada, se destinaria a pactar con el PSOE o con quien hiciera falta en nombre de la utilidad…más bien a costa de la supervivencia.

¿A cuántos miles de afiliados fueron capaces de engañar, sin remordimiento alguno, tan solo por el survivalismo político?

Tuvieron la poca vergüenza de hablar de #votoútil a quienes les pagaban una cuota bimensual, mientras, los que cobran por representar un cargo, se hacían la cama en el PP, o donde fuese, tan solo con la esperanza de mantenerse a flote.

Tránsfugas no han sido solo los afiliados, también lo han sido pues Toni Cantó y Lorena Roldán, dos de aquellos figurines naranjas que esperanzaban al público en general; que vendían la moto a los incondicionales del partido y a los hooligans de la “tibieza liberal”, mientras, por la espalda, arreglaban los papeles y cerraban las maletas para irse a la formación popular.

En el fondo, ellos sí que se han hecho su política útil, han demostrado su faceta más casposa y tradicionalista. De repente, se les ha olvidado el europeísmo, el liberalismo y demás perogrulladas del clónico partido francés llamado Mouvement Démocrate (MoDem), importado a España, para fichar por una marca de las de toda la vida, indistinguibles ya en su discurso respecto al PSOE, pero con la seguridad del bipartidismo tradicional.

Figurines naranjas que abandonaron esa pequeña empresa que, a futuro, no auguraba nada bueno, para fichar por la seguridad que confiere una multinacional con décadas de implantación y experiencia en el mercado de la política europea. Al final, a estos personajes, los españoles les importamos menos que nada, tan solo quieren vivir a nuestra costa esperando que la memoria colectiva olvide que un día empezaron poniéndose un pin naranja.

Gente como todos esos “alcaldecillos”, diputados, consejeros y demás personajes anónimos que, en toda España, han probado las mieles de la política, de firmar a vuelapluma, de ser importantes o de calentar una silla en cualquier pueblecito, no quieren bajarse del carro. El socialismo ya ha estrangulado el turismo, que era la primera industria española y ha marcado la vía en que se vislumbra el futuro de que la política sustituya esa industria, producimos más políticos que ingenieros o camareros ¿Qué quiere decir esto? Que España no producirá nada más que políticos, que hasta el último chaval de 18 años, con la E.S.O. justa, querrá ser funcionario del Estado, aunque bedel en el ayuntamiento de su pueblo, antes que emprender y levantar un negocio o trabajar para una multinacional.

Ciudadanos se ha ido desangrando por injerencias, tan innecesarias, como desafortunadas. Una de ellas, la del ex-socialista Javier Nart, quién, en septiembre de 2019, anunció a través de un comunicado que decía: «dejaba de mantener su condición de afiliado en Ciudadanos, aunque mantendría el escaño de diputado en el Parlamento Europeo, “defendiendo el programa de Cs” con el que la formación se presentó a las elecciones europeas de 2019».

Sin duda, un hombre de palabra al que le importaba poco el cómo llegar, solo asegurarse de hacerlo y de seguir poniendo el cazo cada mes. Tampoco debemos olvidarnos de la irrupción estelar en la política catalana del ex-socialista Manuel Valls, Primer Ministro de la República Francesa, que jugó a ser francés o catalán, según le convenía, saliéndole mal ambas. Seguro que lo recordarán: un personajillo extraño, sectario, que usaba en su campaña los colores de la bandera gala, en vez del naranja, y cuya intervención en la política española, fue realmente mediocre y perjudicial para Ciudadanos.

No recordó que, en la historia, ninguna de las alianzas hispanofrancesas ha sido empresa fructífera. No hay peor vergüenza, para un Primer Ministro de Francia, que ser derrotado por una Ada Colau: “insigne” independentista de muy poco lustre, salida de las cloacas del bizarro mundillo de las feminazis, con escasa cultura general y menor formación política.

Pugilísticamente hablando, Ciudadanos ya llevaba un par de cuentas de protección pero, si miramos únicamente este 2021, vemos que es una formación que está contra las cuerdas, mirando cuantos segundos quedan de asalto para retirarse a su esquina y rezando porque el combate acabe ya… Ciudadanos, solo carga de forma suicida en línea recta hacia el abismo político, tomando el mismo camino que UPYD, y abandonando a quienes han creído en ellos, a pesar de haber estado cambiado su ideario político de forma casi mensual.

Me equivocaría diametralmente si, en 2024, Ciudadanos no se ha extinguido, si no es tan solo un ridículo y simpático recuerdo en el panorama político español; una anotación nostálgica a pie de página de libros de historia.

Analizada su escasa estrategia política, su falta de perspectiva, de pericia, de discurso y sin intentar explicar sus principios o su un programa político, que ha ido mutando al gusto del partido con el que ha querido encamarse en el Congreso de los Diputados y los municipios… solo nos queda tratar este tema del “transfuguismo”. Su última gran idea ha sido acusar, a todo el mundo que abandonaba el partido, de tránsfuga. No les ha importado señalar con el dedo, en páginas web, medios, comunicados o cualquier espacio que les han cedido.

Tampoco se han cortado un pelo en mandar a sus lacayos más acérrimos e incondicionales a hostigar por Instagram, Twitter y Facebook a cualquier afiliado que disintiera, que criticase la política de Ciudadanos. Este partido, a decir verdad, se está hundiendo porque siempre se ha movido internamente por el fanatismo hacia el líder, fuera quien fuera; porque las preguntas, las propuestas o las críticas siempre han incordiado; por una falta de autocritica; una ciega negación constante a hacer análisis de daños estructurales y por no preocuparse de que su mensaje llegase a toda la población. Han querido jugar la baza de ser un partido tecnocrático, al modelo francoeuropeísta, cuyo único público apto han querido que fueran los economistas y los empresarios. No ha habido nunca poso ideológico alguno, tan solo la obsesión de imbuirnos en Europa de los mercantes.

Una fórmula que no funciona en una España que no puede seguirle el ritmo a las velocidades de otras potencias europeas; en una España que está todavía está inmersa en oleadas de éxodos rurales, con una ciudadanía que no tiene porque entender de alta economía o del mundo empresarial, pero esto, son pequeños detalles que no han llegado a entender. Nos han querido adherir a la gran Unión Europea (únicamente mercantil) sin ver que, ellos están allí y nosotros aquí, que Europa está realmente lejos de España y que cuando podrían tendernos la mano nos ha hundido todavía más profundo, claro está, eso había que obviarlo siempre.

Nos querían a toda costa en una Europa multicultural y librecambista; querían que creyésemos en esos que no valoran la sentencia de un juez español, que no nos devuelve a delincuentes separatistas, sino que les dan actas de eurodiputados e impunidad en Waterloo o Bruselas. Una Europa que se cree que puede hablar de nuestras leyes, que puede dictar sentencia sobre nuestras fronteras y obligarnos a acoger inmigración pero no a mandársela a ellos… Europa se ha convertido en el extraño resultado de una mezcla de intereses socioeconómicos que distan del esplendor de la Europa de los imperios y la grandeza; que ni les comprendemos, ni se quieren hacer entender.

Hoy por hoy, en España, bastante tenemos con no acabar siendo como Cuba: una vitrina expositora donde países de la unión puedan constatar que el comunismo, ni funcionó, ni funcionará.

Millones de españoles están pasando frio, hambre y padeciendo otras muchas carestías y dificultades. Por su parte, Ciudadanos solo está preocupado en no diseminarse, en fusionarse al PP, pactar con el PSOE o cambiar cromos con quien haga falta para existir.

Su ejecutiva, en última instancia, solo se preocupa por eyectarse de este proyecto para continuar en el candelero, vestidos del casposo y sempiterno bipartidismo rojo o azul. ¿Qué más da que el partido se marche, nunca mejor dicho, a la francesa de la política española, si todos sus diputados, senadores, alcaldes y demás carguitos han sido capaces de cambiar, a tiempo, De camisas viejas a chaquetas nuevas?

ANTONIO J.CANDADO AGUADO


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